
El concepto de Identidad Profesional no es un tema fácil de abordar, puesto que en
sí mismo el concepto de identidad es un término polisémico, que implica diferentes
concepciones filosóficas, antropológicas y pedagógicas. No obstante, la identidad
es un elemento crucial en el modo como las personas, y en el caso que no ocupa
la profesión docente, configuran, construyen y significan la propia naturaleza de su
trabajo.
En efecto, la identidad profesional no surge espontáneamente ni se obtiene de
manera automática sino que se construye a través de un proceso complejo, dinámico
y sostenido en el tiempo, que resulta de la generación de colectivos críticos que
articulan, a partir de la reflexión conjunta, sistemas simbólicos, experiencias y
representaciones subjetivas, en el contexto de la realidad construida en la escuela
(Prieto, 2003). Además, este proceso de construcción comienza en los programas
de formación inicial y continua a lo largo de toda la vida profesional de una persona.
Así, el término identidad sólo se puede lograr tomando en consideración que la identidad
personal y profesional es a la vez una construcción subjetiva y una construcción
social (Bolivar y Segovia, 2005). En otras palabras, se distinguen claramente dos
dimensiones, la identidad para sí (percepciones y creencias) y la identidad para otros
(alumnos, padres, colegas, etc.). Esta dualidad constitutiva, se configura diariamente
en el juego recíproco de los actores en sus espacios de representación o de práctica.
Es decir, dicho proceso de identidad profesional fluctuaría entre el reconocimiento
de su propia identidad personal como profesional y la construcción de un proyecto
de identidad profesional relacionado directamente con los saberes específicos de su
profesión y las prácticas pedagógicas de su ejercicio docente (Latorre, 2000).

