martes, 26 de noviembre de 2013

REDES DE SIGNIFICACION EN LA IDENTIDAD PROFESIONAL



El concepto de Identidad Profesional no es un tema fácil de abordar, puesto que en
sí mismo el concepto de identidad es un término polisémico, que implica diferentes
concepciones filosóficas, antropológicas y pedagógicas. No obstante, la identidad
es un elemento crucial en el modo como las personas, y en el caso que no ocupa
la profesión docente, configuran, construyen y significan la propia naturaleza de su
trabajo.


En efecto, la identidad profesional no surge espontáneamente ni se obtiene de
manera automática sino que se construye a través de un proceso complejo, dinámico
y sostenido en el tiempo, que resulta de la generación de colectivos críticos que
articulan, a partir de la reflexión conjunta, sistemas simbólicos, experiencias y
representaciones subjetivas, en el contexto de la realidad construida en la escuela
(Prieto, 2003). Además, este proceso de construcción comienza en los programas
de formación inicial y continua a lo largo de toda la vida profesional de una persona.
Así, el término identidad sólo se puede lograr tomando en consideración que la identidad
personal y profesional es a la vez una construcción subjetiva y una construcción
social (Bolivar y Segovia, 2005). En otras palabras, se distinguen claramente dos
dimensiones, la identidad para sí (percepciones y creencias) y la identidad para otros
(alumnos, padres, colegas, etc.). Esta dualidad constitutiva, se configura diariamente
en el juego recíproco de los actores en sus espacios de representación o de práctica.
Es decir, dicho proceso de identidad profesional fluctuaría entre el reconocimiento
de su propia identidad personal como profesional y la construcción de un proyecto
de identidad profesional relacionado directamente con los saberes específicos de su
profesión y las prácticas pedagógicas de su ejercicio docente (Latorre, 2000).


Imaginarios y cualidades de la profesión docente




Las fuerzas que han impulsado el cambio en la condición social posmoderna,
según la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico y el Centro para la
Investigación e Innovación Educativa (Istance, 2006) son posibles de identificarse, entre
otras: el avance en la producción y reproducción del conocimiento, impulsado por las
tecnologías de la comunicación e información; una economía basada en reglas de
mercado, sin fronteras; modificación en los procesos de producción; universalización
del modelo de democracia formal y progresiva diversidad y movilidad demográfica.
Para enfrentar e impulsar el cambio, las reformas se objetivan en líneas de
acción política, tendientes a reconfigurar la organización de las prácticas culturales en
las instituciones educativas; la promesa en torno a la que se juega, anima las
aspiraciones de incorporación a la dinámica mundial y al acceso de las nuevas
tecnologías de la comunicación e información.
Entre las pedagogías que han orientado las reformas para la reestructuración
escolar, articulan patrones de gestión del profesionalismo de los agentes escolares
[Elmore, 1996). Propone el cambio en la escuela a partir de la reestructuración de los  2
procesos de enseñanza-aprendizaje, la introducción de métodos aceptados para la
verificación empírica y dominio de conocimientos científicos. La mejora se asegura,
según está racionalidad, mediante el empleo de tecnologías aplicadas para cambiar la
docencia y la administración de recursos. La condición de profesionalidad para los
profesores se define en la capacidad para enseñar y responsabilizarse del aprendizaje de
los alumnos (Cf. Sykes; Hammond y McLughin, 2003). Sin embargo, el modelo
predominante de las políticas es la del profesionalismo (Hargreaves, 1996; Gimeno,
2005) que combina el conocimiento sistémico y el crítico como discernimiento escolar;
enfatiza la idea de escuela como comunidad profesional y la necesidad de revaloración
social del docente.
En este contexto, el discurso sobre el profesionalismo de los docentes atraviesa
las reformas en México, tanto para la educación básica (SEP, 1992), como para la
formación inicial del profesorado (SEP, 1997). Como política de Estado y prácticas de
gobierno, proponen la profesionalización docente como condición, propósito, efecto y
estrategia para concretar el cambio planeado y orientar el futuro incierto en el contexto
de mundialización económica e integración cultural. La formación, se concibe como un
proceso de aprendizaje permanente que excede los ámbitos institucionales y articula las
experiencias de formación inicial, en ejercicio y en los distintos ámbitos de acción de
los docentes. Un acercamiento a la situación actual puede leerse en los avances del
proceso, Hacia una política integral para la formación y el desarrollo profesional de
los docentes de educación básica, especialmente en los diagnósticos de los sistemas
estatales y los estudios externos que han sido publicados (SEP, 2003ª; 2003b; Czarny,
2003; Espinosa, 2004).



La construcción social, cultural e histórica del docente.




En la actualidad son múltiples los agentes educativos de los que está dotada nuestra cultura tales como medios de comunicación, instituciones sociales, familia etc.
Podemos observar que desde nuestro pasado en ocasiones los profesores son los principales responsables de los logros educativos de los ciudadanos y con el paso del tiempo los cambios sociales presentados en la historia han provocado modificaciones y avances en la educación mediante el desarrollo tecnológico esto ha complejizado la tarea del docente exigiendo preparación científica, también han traído modificaciones positivas como son la mejora en la actividad docente gracias a que ya no existe la influencia de la iglesia en la docencia.
Cabe mencionar los aspectos más relevantes para la construcción de una buena identidad docente tal es el caso del entorno social donde se desenvuelven el docente mediante este él puede definir su participación en la sociedad, enfrentándose a una crítica generalizada por qué no en todas las ocasiones su trabajo va a ser reconocido.

Elección profesional e identidad narrativa.



Las teorías y enfoques proporcionan ayuda al profesional y una base para dirigirse en la investigación así como calidad de su proceso y eficacia, aunque no todas sean así se estima deberían. Detrás de cualquier tipo de intervención orientadora debe de haber una base teórica formal, y esta presenta una concepción filosófica de la realidad, del conocimiento, de la persona y de los valores, así como la teoría para la intervención (Álvarez, M. 1995).
Existen varias concepciones sobre las teorías de la elección vocacional; para el área de la Orientación son un gran aporte; y es necesario conocer las mismas para mejora las consultas vocacionales. La distinción de Crites se convierte en marco de referencia para otros escritores e investigadores.




lunes, 25 de noviembre de 2013

Sujeto y trayectoria de vida.



La biografía es la historia de la vida de una persona narrada desde su nacimiento hasta su muerte, consignando sus hechos logrados, fracasos, sucesos relevantes de su vida, así como todo lo que pueda interesar de la misma persona.
Para ello suele adoptar la forma de un relato expositivo y frecuentemente narrativo y en tercera persona de la vida de un personaje real desde que nace hasta que muere o hasta la actualidad. En su forma más completa, sobre todo si se trata de un personaje del pasado, explica también sus actos con arreglo al contexto social, cultural y político de la época intentando reconstruir documentalmente su pensamiento y figura. La biografía puede registrarse en forma audiovisual o en forma escrita; las cuales se dividen en distintos subgéneros; no cabe confundirla con algunos tipos de novela histórica o historia novelada.